Los que echamos horas de ordenador recogiendo la
información sobre los niños, los que escribimos cartas a padrinos y
asociaciones, los que traducimos esas cartas y los historiales clínicos
de los niños para su posible tratamiento en el extranjero, los que
apadrinamos niños, los que están en contacto directo con los niños y
transmiten sus necesidades a los posibles padrinos y organizan los
tratamientos, los que trabajamos en estas páginas para llegar a mucha
gente y para mantener la información al día y transparente, los que nos
cuidamos de que los donativos lleguen a quien tienen que llegar y no se
pierdan en el camino, y los que acribillamos a amigos y familiares con
peticiones peregrinas de ayuda somos voluntarios.
Lo hacemos porque queremos ayudar a algunos niños que,
además de haber nacido con una enfermedad congénita, tienen la mala
suerte de encontrarse en un país sin infraestructura sanitaria suficiente
para hacer frente a sus necesidades. Todos han nacido en el seno de
familias que no pueden hacerse cargo de las exigencias económicas que
supone la enfermedad del hijo. Algunos han sido abandonados por sus
padres. Otros padecen más enfermedades, aparte de la OI.
